Feliz cumpleaños, John Locke!

El protagonista de esta entrada, John Locke, afirmó que la mente del niño es voluble como el agua. Parafraseándolo, nacemos con facultades y poderes, prácticamente incapaces; de modo que el papel de la Educación será fundamental en la construcción de la persona a partir de lo que denominó “tabula rasa”. Seguir leyendo “Feliz cumpleaños, John Locke!”

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¿Es la escuela libertadora u opresora?

Para los oprimidos, el concepto de la libertad es la opresión de otros o, lo que es lo mismo, su propia conversión en opresores (idea refundida de Paulo Freire y su Pedagogía del oprimido). Esto establece una dicotomía extensible a cualquier dimensión de nuestras vidas. Ya Freud, Marx, Nieztsche.. encontraron en el “poder” el origen de los desencuentros y patologías humanas.
Es un tanto extenso.. pero se trata de un documento muy interesante. Una de esas iniciativas parasistémicas.
¿Cuál es el objetivo real de la educación obligatoria? ¿Entrenamiento o empoderamiento?

Produc-manidad

¿Cuántas veces nos han dicho “el humanismo ha muerto”? ¿Cuál es el valor del ser humano en el entramado social actual? ¿Cuál es el valor de las palabras, palabras, palabras… que nos prometen que si aguantamos y ajustamos un poco más, todo mejorará a toque de varita mágica? “Tan sólo a una lágrima de ti” -dice el Hada Madrina de la película Shrek. ¿Tendrá el don de la ubicuidad?

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El “gestolt” es relativo

A la vista de la imagen pudiera parecer que Einstein dedicaba a la cámara una mueca cómica desde la jocosa naturalidad de un ambiente distendido; no obstante, y parafraseando al genio, hemos de decir que “el gesto es relativo”. Un gesto dedicado “a toda la humanidad” en un instante de asedio por parte de los fotógrafos, que será incorporada a la compartida carpeta de imágenes curiosas; un gesto irreverente, que un diplomático jamás dispondría en la asunción del convencionalismo específico de su rol.

Einstein dijo una vez que la política posee un valor pasajero, mientras que una ecuación vale para toda la eternidad. Mas… la cotidianidad de nuestras vidas está repleta de ambas cuestiones: cada conversación, cada decisión y acuerdo es política, negociación, interacción personal; y cada aspecto de nuestra existencia se sustenta en fenómenos físicos y químicos, susceptibles de ser formulados.

Si, por un lado, tal como hemos sugerido en la entrada previa, la validez científica es “relativa” y está condicionada por el paradigma de referencia y, por otro, las bases relacionales humanas encuentran cada vez más un sustento científico para su estudio, bien desde la psicología, bien desde la neurología, etc.; no parece descabellada la idea de poner vallas al campo de lo nomotético.

En el ámbito educativo, mi caldo de cultivo por antonomasia, el conocimiento idiográfico ha ido evidenciándose y asentándose como el croma de los contextos sociales. Desde los modelos educativos actuales se preconiza la unicidad de cada individuo y de cada situación, así como del propio individuo en función de la situación. Ya lo avanzaba el presocrático Heráclito, al observar que una persona no se baña jamás en el mismo río; o el vitalista Nieztsche, en su teoría del eterno retorno.

Pudiera parecer entonces que las moiras tejieren bajo los imperativos de la entropía. No es tanto así, todos y cada uno de nosotros experimentamos en algún momento de nuestras vidas cierta tendencia hacia el caos; mas se trata sólo del desorden que precede al equilibrio. Este equilibrio es frágil y oscila entre extremos, de hecho, la patología consiste en la permanencia de los extremos, excesivo o deficitario, pero extremo. ¿A alguien le resulta desconocida la expresión “la virtud está en el término medio” de Aristóteles?

La Naturaleza, nuestro cuerpo y la propia vida nos alecciona con dosis, más o menos drásticas, de compensación. Tan sólo habría que analizar la cuestión del cambio climático para encontrar multitud de ejemplos al respecto. Mas, no dispersemos el pensamiento, lo que me ocupaba era presentar la Unidad del mundo. Esa cuya búsqueda, junto con la variable “judía”, coadyuvó a la extraditación de Einstein de la élite científica durante los últimos años de su vida.

Existe un movimiento de origen alemán, cuyo “arjé” es la “totalidad”: la Gestalt. De ahí el juego de palabras en el título (“gestolt”: gesto y Gestalt), tratando de conjugar la relatividad de los hechos (que, según Einstein están equivocados) y el principio de Unidad. Pudieran parecer ideas contrapuestas y contradictorias, mas se trata de encontrar “la figura sobre el fondo”.

Por supuesto, Einstein abordaba la cuestión de la unidad desde la impersonalidad de la Física, mientras la Gestalt lo hace desde la percepción, absolutamente subjetiva. Se inspira en la filosofía oriental del Yin y el Yang, que comprende la luz y la oscuridad como elementos de la unidad a partes iguales, así como su interacción, contemplada en el mandala correspondiente como dos pequeños circulos en su inversión cromática. El círculo es también una alegoría de la unidad, de lo cíclico.

De hecho, la nueva tendencia hacia la Calidad pone de manifiesto la necesidad de un enfoque holístico y  de proyectos en espiral, que provean de continuidad y progresiva profundidad a la investigación-acción. Esta tendencia es relativamente reciente en el mundo occidental, tan anquilosado en lo analítico; pero quizás nos hayamos olvidado durante largo tiempo de la segunda parte del principio “solve et coagula“.

Kuhn-ciousness

“La ciencia está basada en la naturaleza provisional de todas sus teorías; después de todo, las <<leyes>> científicas son sólo modelos que fueron eficaces para describir y predecir la conducta natural. Al final todas las leyes científicas o bien se ven superadas o resumidas dentro de modelos más amplios”  (ROBERTSON, R. 2006: Introducción a la Psicología Jungiana. Ediciones Obelisco).

Esta idea concuerda con el concepto de “paradigma“, acuñado por Thomas Kuhn, al referirse a un marco común de la comunidad científica que acoge y permite dar respuesta a una serie de “problemas” de interés social, que surgen en un momento determinado. En su, más o menos aceptada, definición va implícita, por así decirlo, su caducidad; no en el sentido de desaparecer, sino en el sentido de perder protagonismo y candencia. A este proceso de sustitución de parámetros le llamó “revolución científica“, transmitiendo la idea de cambio en detrimento del crecimiento o el progreso.

A lo largo de la historia nos encontramos con una secuenciación de paradigmas, variables según la fuente consultada: el tecnológico, el cuantitativo-positivista, el hermenéutico o interpretativo, el sociológico… cada uno de ellos ha ido modificando las concepciones, las metodologías, los fines… de la Ciencia. Tal como sostenía Kuhn, los paradigmas son “inconmensurables”, no hay una medida común para determinar su éxito, pues parten de problemas y presupuestos diferentes; pero también añade a los factores epistemológicos los factores sociológicos en la valoración de su utilidad. Así pues, ¿fue antes el huevo o la gallina? ¿son los modelos de conocimiento los que determinan la realidad o es la realidad la que condiciona los modelos teóricos?

En el vídeo aquí dispuesto, Ken Robinson revela algunas de las sombras de la realidad educativa, sus ángulos muertos y su polvo bajo la alfombra de la cotidianidad colectiva. De ahí el título de esta primera entrada “Kuhn-ciousness”, que alude al autor del paradigma y al término anglosajón “conciencia”.

Como podréis comprobar a medida que vayamos incorporando nuevas entradas, el fin principal de este blog es el de abrir puertas al pensamiento, grandes o pequeñas, todo depende de la perspectiva propia; Alicia crece y mengua.